domingo, 9 de diciembre de 2012

Por eso saber contar algo es importante

Un señor llamado Santiago Espinosa me comentaba un día que la vida, más que para vivirla, es para contarla. Ese día, el señor Espinosa nos contó una historia que decía más o menos así:

«Resultaron dos personas en una isla desierta, producto del naufragio de un crucero en el que ambos eran pasajeros. Una de estas era una actriz muy famosa y atractiva, y el otro era un hombre común y corriente. Entre los dos encontraron la forma de sobrevivir, pero el hombre, lo que más quería era tener sexo con la actriz. Él se lo propuso y ella se negó, naturalmente, pues ¿cómo iba una actriz famosa como ella a acostarse con un don nadie? Pero el hombre siguió insistiéndole por un tiempo, hasta que ella finalmente aceptó, después de todo, ella también extrañaba el sexo.

»Comenzaron a tener sexo periódicamente, hasta que un día, el hombre se aburrió y se comenzó a negar. Esta vez, la actriz fue quien le insistió para que volvieran a tener sexo. Lo hizo muchas veces hasta que el hombre le dijo que volvería a tener sexo con ella si ella se vestía de hombre. A la chica no le hizo gracia la idea, se sintió mal de que el hombre con quien había tenido sexo los últimos días había resultado ser homosexual. Pero al final aceptó puesto que realmente se había vuelto dependiente de tener sexo con aquel hombre.

»La chica tomó prestada la ropa del hombre, se maquilló para parecer hombre, se escondió los senos, se recogió el pelo, impostó su voz y fue a ver al hombre. Entonces, cuando el hombre la vio vestida de hombre, le dijo: "¡Usted no me va a creer a quién me estoy follando!"»

En fin, la vida es para contarla. Puede que no sea del todo cierto y que la idea horrorice a más de uno, pero sí es cierto que si no pudiéramos contar nuestras experiencias, llegaría un momento en que éstas perderían sentido. Después de todo, generalmente nos valemos de ellas, y de nuestra habilidad para hacerlas parecer interesantes cuando queremos llamar la atención de alguien, ¿no?


Por eso, digo yo, saber contar algo es importante.

domingo, 2 de diciembre de 2012

El poder de la improvisación

Cada domingo aparece un nuevo dilema: qué es lo que voy a publicar en Días de Brujas esta vez. Y esta semana pensé: «No puedo hacer algo improvisado». En ese momento la palabra improvisado me dio una idea: hablar sobre cómo algo improvisado puede convertirse en éxito. 

Por supuesto que no lo hubiera pensado si no hubiese tenido la noche que tuve ayer. Resulta que como todos los sábados (o casi todos) tuve ensayo con la banda (la misma banda que yo había mencionado en "El blog, el 2012, la universidad, el tiempo, la danza"). El hecho es que yo suelo llevar a Vero a nuestros ensayos en el carro, pero esta vez resultó ser que mi señor don carro no quiso arrancar (sí, es una tortita del milenio pasado), entonces nos tuvimos que ir en transmilenio y llegamos cuarenta minutos tarde; por si fuera poco, los otros dos integrantes de la banda, Maria y Juanda, tenía una reunión y se tenía que ir muy temprano, de manera que casi no tuvimos tiempo de ensayar.

Al final, Vero y yo quedamos con la sensación de haber salido de nuestras casas para nada. Pero entonces yo tuve una idea: salir de rumba e ir a Natural Flow (una discoteca muy buena ubicada en carrera séptima con calle 45 en Bogotá), después de todo, yo no tenía el carro y a pesar de que tendría ensayo de danza al otro día, éste sólo iba a ser de una hora.

Y sin habernos preparado para salir de rumba esa noche, salimos hacia Natural Flow. Llegamos muy temprano y la rumba estaba muy apagada, entonces entramos a un café que quedaba cerca, muy bonito por cierto, nos tomamos una cerveza con granadína buenísima y estuvimos hablando un rato. Luego, a las diez pasadas volvimos a la discoteca que seguía algo apagada, pero esta vez decidimos quedarnos.

Fue cuestión de tiempo para que la discoteca se comenzara a llenar y la rumba se comenzara a prender. De ahí en adelante nos dedicamos a bailar, a tomarnos unos tragos, a conocer gente y a pasarla bien en general, y sí que la pasamos bien.

En fin, unas horas antes no nos habíamos imaginado una noche así y de repente, habíamos pasado una muy buena velada en compañía el uno del otro, todo porque un par de cosas no habían salido como esperábamos, y yo me inventé la forma de sacarle partido a la situación.

En conclusión, si algo no sale como esperas que salga, es posible que siempre haya una forma de inventarte algo para arreglar la situación. Hay que tener cuidado a la hora de improvisar algo, pero siempre puede salir muy, muy bien.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Destino

Este mes mi blog está dando algo de pena y hoy no será la excepción: resulta que tengo trabajos para esta semana en la universidad, y sí, la idea es hacerlos. Muchos de ustedes, queridos lectores, sabrán por mis anteriores entradas que estoy dejando la universidad (para explicaciones más detalladas consultar entradas anteriores), y sin embargo la idea es terminar pasando todas las materias, lo cual aún está en veremos.

Debido a esto, no me extenderé más con mi entrada de esta semana, y los dejaré no sin antes compartirles un video que me mostraron ayer: es un cortometraje que idearon juntos los señores Walt Disney y Salvador Dali (sonidos de sorpresa) hacia 1946, pero que por razones de tecnología no pudo ser realizado. Fue en el 2003 cuando Roy Disney, junto con el productor Baker Bloodworth, y basados en los bocetos y guiones de los mismos W. Disney y S. Dalí que llevaron el proyecto adelante.

domingo, 11 de noviembre de 2012

El juego preferido de los surrealistas

Para quienes no lo saben, el Cadáver Exquisito es un juego en el que un grupo de personas escriben por turnos en una misma hoja de papel. A medida que cada quién escribe algo, va doblando la hoja de modo que cada jugador puede ver sólo la última parte de lo que escribió el anterior. De esta manera se va creando un texto que por naturaleza carece de sentido, no obstante, el resultado suele ser muy divertido. Claro, hay otras formas de jugarlo, incluso se puede jugar con dibujos, pero esta es la forma que más disfruto, varias veces me han salido cosas bastante interesantes, lo importante es dejarse llevar.

Esta es también una técnica empleada por los poetas surrealistas de comienzos de siglo XX que sostenían la idea de que la poesía debía ser una creación colectiva e instintiva.

Hace unos meses estuvimos jugando con algunos de mis compañeros de la universidad, era una situación bien curiosa: un grupo de estudiantes de literatura de primer semestre escribiendo algo sin sentido. Hoy me tomé el atrevimiento de compartir lo que hicimos aquella vez, a mí me gustó mucho el resultado:

Y ahí estaba el pollo en la puerta de la iglesia,
sus alitas le levantaron, su pico se cerraba
al horizonte se veía una tormenta y voló hacia ella.
pero sin embargo, la duda surgió y limitó su decisión,
esperaba encontrar el ancla al mundo en sus ojos,
tan profundos como inmensos mares llenos de criaturas,
que trataban de asimilar el aire tóxico para morir de algo que no doliera tanto como el amor,
lo blanco lo veo rojo, lo claro se vuelve oscuro, los ojos se cierran y así conozco el mundo, mi mundo.
La tierra son mis pies, el cielo un trozo de mi piel y la música la única ley, 
leyes que intento romper, partes de mi ser que deseo eliminar,
música que me ayuda a seguir;
tal vez sea la naturaleza la que me de la libertad, tal vez sean el viento y el fuego los que me dan lo que necesito,
tal vez sea yo hablándome a mí mismo sin ser consciente de ello. 
(Creación colectiva de algunos estudiantes de literatura de la Universidad Nacional de Colombia entre los que me cuento)

En fin, deberían probarlo, siempre salen cosas interesantes. Es todo por esta semana.

domingo, 28 de octubre de 2012

Algo, mucho, nada, poco, todo

Agobio, ansiedad, desesperación, emoción, euforia, felicidad, incomodidad, miedo, nervios, nostalgia, rabia, resignación, timidez, tristeza, vergüenza... Ganas de que el tiempo pase rápido, ganas de que se detenga.

Abrazos, aciertos, acuerdos, adivinanzas, anécdotas, atrevimientos, bebidas, besos, bobadas, bromas, canciones, carcajadas, caricias, chistes, confesiones, cuentos, desacuerdos, deseos, despedidas, emociones, errores, excusas, excesos, expectativas, frases, ganas, gestos, golpes, gritos, heridas, historias, juegos, lágrimas, locuras, mensajes, mentiras, momentos, novelas, ocurrencias, oportunidades, palabras, planes, poemas, promesas, risas, recuerdos, saludos, silencios, sonrisas, sueños, trucos, verdades... Mentes en blanco, mentes de diferentes colores.

Abdómenes, brazos, bocas, cabellos, caderas, cejas, cinturas, codos, cuellos, dedos, dientes, espaldas, hombros, huesos, labios, lenguas, manos, mejillas, mentones, muñecas, músculos, narices, nucas, ombligos, ojos, orejas, párpados, pestañas, pies, piernas, puntas, rodillas, talones, tobillos, uñas... Cuerpo, cuerpos.

Algo, mucho, nada, poco, todo.

domingo, 21 de octubre de 2012

El twist que pocos esperaban

Hace poco descubrí que escribir es algo que siempre me ha ayudado a superar mis problemas y a desprenderme de los complejos que frenan mi camino. Me explico: si hay algo en mí que me acompleja, y que de alguna forma no tiene razón de ser, cuando escribo me hago consciente de ese algo y me vuelvo capaz de dejarlo de lado. Al parecer, en el ejercicio de pensar en alguno de mis problemas y de expresar en palabras todas las circunstancias relativas a este problema, todo se vuelve de repente más claro, como si un argumento que pareciera tener peso, fuese desenmascarado ante mis ojos y se revelara como una completa estupidez.

Para terminar de hacerme entender, y hablar de lo que realmente quiero en esta entrada, les contaré sobre mis planes vocacionales para el próximo año y de ahí en adelante. Recordarán los que leyeron "Los fantasmas del pasado" (y si no lo han hecho, deberían) que me desahogué con aquello de haber comenzado tarde a bailar, y que decidí que era hora de mirar hacia adelante y ser el mejor bailarín que pueda ser capaz. Bueno, en pocos días esa decisión hizo que me diera cuenta de que la danza es lo que más quiero para mi vida. Y no sólo eso, sino que era posible, más que posible, probable, de hecho. Me di cuenta de que por primera vez en mi vida me sentía realmente apasionado por algo, que no me daba pereza ir a clase, que no me quejaba cuando los estiramientos me hacían doler, que corregía malos hábitos sólo para avanzar más fácil, que practicaba y estiraba por fuera de clase. Que cuando me sentía tieso y lento, no me frustraba sino que me esforzaba aún más por mejorar. Me di cuenta que no era tan tarde, después de todo, no me faltan cualidades que me harán un buen bailarín, pero sobre todo que no había razones para no hacer lo que realmente me apasiona.

Antes de tomar esta decisión, tenía pensado presentarme a la ASAB sólo si las audiciones no se cruzaban con mis clases en la universidad, además era probable que tuviera que faltar a exámenes finales y no me podía dar ese lujo. Sobre todo, dada la posibilidad de que yo no sea admitido, poco conveniente sería presentarme, perder clases, perder materias y además no ser aceptado. Pero la tarde del sábado 8 de septiembre, seis días después de escribir "Los fantasmas del pasado", decidí que igual lo que quería era ser bailarín y que si no me aceptaban en la ASAB podía buscar otro lugar, de manera que sin importar las circunstancias dejaría la universidad para seguir luchando por mi sueño y que si no me aceptan no será el fin del mundo.

Ya he hablado con mis profesores de danza sobre esto, todos me apoyan y se han mostrado optimistas al respecto. No han dejado de mencionar lo difícil que es la carrera, sobre todo en un país como Colombia, y el montón de crisis que voy a tener en el camino. Y en cuanto a mis papás, bueno, realmente no me afectará mucho lo que ellos digan, yo sé que si estoy plenamente convencido de lo que quiero, ellos me apoyarán sin lugar a dudas.

Sé que me encontraré con gente con mejores condiciones y mayor talento que el mío, sé que habrá alguien que me dirá que empezando a bailar a los dieciocho años no tengo posibilidades de ser alguien, sé que habrá momentos en los que sentiré que me he metido en donde no era, pero estoy seguro que no llegará el momento en que querré dejarlo porque realmente me he propuesto a dar lo mejor de mí por esto.

Y en cuanto a mi carrera actual, no es que no me guste, la literatura realmente me interesa, pero no es lo mismo. Cuando decidí estudiar literatura (lejos de pensar siquiera en la posibilidad de entrar a clases de ballet), simplemente escogí algo que me interesaba y para lo que tenía cierta facilidad (lo cual no era problema porque mi capacidad intelectual realmente siempre ha estado lejos de ser una traba para casi cualquier cosa, modestia aparte), pero realmente no tenía idea de cómo me iba a desempeñar, de hecho en su momento me planteé la posibilidad de terminar haciendo algo que poco tuviera que ver con la literatura; en resumen, para mí era muy incierto mi futuro como literato. Esta vez lo tengo clarísimo, quiero ser bailarín, quiero vivir de eso. Pero claro, aún es posible que vuelva a la literatura cuando ya me haya desarrollado lo suficiente en la danza, después de todo para ser literato no hay nada de afán. Seré bailarín, el mejor bailarín que pueda ser, lo demás está por verse.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Un trabalenguas de último minuto

Como pasé todo el día fuera de mi casa y no sé qué escribir esta semana, decidí dejarles un trabalenguas que alguna vez me frustró mucho. Está en inglés:

"Three swedish switched witches watch three swiss Swatch watch switches. Which swedish switched witch watch which swiss Swatch watch switch?"

Déjenme en los comentarios si les pareció difícil el trabalenguas, si lo pudieron decir completo y cuánto tiempo se demoraron en lograrlo.

Por último, les cuento que ya he puesto una forma para que se suscriban desde su correo electrónico y les llegué una notificación cada vez que se publique algo nuevo en el blog, no olviden hacerlo. Es todo por esta semana, la próxima será más largo, cambio y fuera.

domingo, 16 de septiembre de 2012

El origen de mi... ¿Sobreapellido?

Al parecer, la idea de que mi verdadero nombre sea Federico Brujas no parece ser tan descabellada ya que muchos lo dan por sentado. Pero desde ahora lo digo para quien no lo sepa o no lo tenga claro: ¡mi nombre real no es Federico Brujas! Pues digo, mi nombre sí es Federico pero Brujas no es en realidad mi apellido (y no, tampoco es mi segundo nombre -más risas intelectualoides que suenan 'hohoho'-). Yo no me pondría a hacer estas aclaraciones si no es porque muchas veces ha pasado que la gente, no es que se confunda, sino que simplemente no se les ocurre que no es en serio.

La historia de este sobreapellido (como sobrenombre pero aplicado al apellido, para quien no lo haya entendido todavía) es la siguiente: un día de año 2010, cansado de que mi nombre en facebook fuese Federico Puentes A, decidí cambiarlo de la misma manera en que muchos lo han hecho, esto en parte fue porque el apellido Puentes nunca me ha parecido especialmente pintoresco*. Con el pasar del tiempo fui teniendo nuevos amigos en facebook y cada vez la gente fue dejando de conocerme por mi apellido, excepto por mis compañeros de clase. Sin embargo, yo esperaba que la gente al menos se preguntara si mi apellido real fuera ese por dos simples razones: una es que Brujas es un apellido realmente excéntrico, la otra es que no es raro que los nombres de la gente en facebook no sean los de verdad, muchas veces son juegos de palabras, sobrenombres varios o viles atentados en contra de la ortografía y la estética en general (tipo Zërézitah Rekh o MiiqroBitha Zexy, desafortunadamente). Pero no, no fue así, muchos pensaron que ese nombre era real. El hecho es que Federico Brujas se fue volviendo mi nombre de internet y es así como actualmente me presento en casi todos los sitios que frecuento en la red. En el futuro, éste podría volverse un nombre artístico o algo por el estilo (risas).

Ahora, ¿por qué la palabra Brujas, por qué no otra? ¿Acaso tengo alguna fijación por la magia negra? ¿Acaso soy demasiado potterhead y necesito que mi nombre de internet lo diga? No, no es eso, en realidad este sobreapellido no es más que un curioso juego de palabras. En 2010, año en que cambié mi nombre en facebook, fui con mis papás a Europa y visitamos una serie de ciudades. Entre otras ciudades, visitamos Brujas, en Bélgica. Quedé realmente encantado con esta ciudad, es simplemente espectacular.

El caso es que me causó mucha curiosidad el nombre de esta ciudad y recurrí al doctor Wikipedia para conocer su etimología (origen y significado del nombre). Entonces encontré lo siguiente: El nombre oficial de la ciudad es Brugge (en idioma flamenco/neerlandés) y proviene del noruego antiguo Bryggia que significa puentes.

Así las cosas, "Brujas" resultaría, luego de una serie de transformaciones lingüísticas, significando "Puentes" que es mi apellido real. En ese momento, ya de vuelta en Bogotá, me pareció divertido cambiar mi nombre en facebook por un apellido que significara lo mismo sin que la gente lo supiera. Y lo hice al mismo tiempo en que puse la imagen de la izquierda como mi foto de perfil, ese soy yo en Brujas a mis dieciséis años (ojos aguados). De manera que en ningún momento estoy negando mi apellido, simplemente lo estoy diciendo con otra palabra que suena más pintoresca y misteriosa. O lo que sea.




domingo, 2 de septiembre de 2012

Los fantasmas del pasado

...Pero es que la infancia de cada persona depende mucho de sus papás, eso es inevitable. Y hasta cierto punto, los papás son enteramente responsables de cómo vive un niño su vida, después de todo, ellos son por bastante tiempo el único ejemplo que tiene un niño (por lo menos en mi caso fue así puesto que no tengo hermanos). Creo que justamente por esto, los padres de un niño deben procurar ante todo, enseñarle a ser él mismo, a desarrollar su personalidad. Ellos tienen que entender desde el principio que tienen en sus manos a una persona y no a una marioneta. Lo cierto es, y en eso volveré más adelante, que un hijo no viene con un manual de instrucciones (justamente porque no es una marioneta) y muy probablemente es la primera vez que una pareja se enfrente al reto de criar a un niño; los padres también deben aprender a ser padres, así como los hijos a ser personas.

Yo fui el típico caso del hijo de dos personas frustradas porque no pudieron ser músicos, puesto que sus respectivos papás no les permitieron hacerlo, e intentaron superar este fantasmita por medio de su hijo. Para colmo este niño (yo) tenía una enorme sensibilidad artística y un oído envidiable, y en algún momento se le ocurrió decirle a sus papás que quería tocar piano (o esa es la historia que me contaron).

Mis papás no dudaron un solo segundo para meterme en clases de organeta, su fantasmita del pasado los impulsó con mucha fuerza. Apenas les dijeron me compraron un piano, uno de verdad (acústico, con cuerdas, martillos y esas cosas). A mis diez años comencé clases en el conservatorio donde estuve siete años y medio de mi vida. El problema de todo esto es que a mí nunca me gustó de verdad tocar piano y por eso nunca fui lo suficientemente aplicado, cosa que nunca les dejó de molestar a mis papás. Ocasionalmente mi papá me decía: "Tú ahorita crees que estás muy joven pero el tiempo va pasando y cuando menos te des cuenta eres un viejo como yo y no has hecho nada. Entonces dirás 'mi papá tenía razón, no debí haber perdido el tiempo en bobadas' así que no pierdas el tiempo y estudia" (si me hubiera dado por llevar la cuenta de las veces que me dijo exactamente esa misma frase, al llegar a cincuenta me habría aburrido).

En muchas ocasiones dije que no me gustaba tocar el piano, que no lo quería hacer más. Y me respondían: "Entonces, ¿qué vas a hacer?" a lo que yo nunca supe qué responder y nunca fui capaz de liberarme. Pero finalmente me gradué del colegio y comencé la universidad, lo que me dio la excusa perfecta para por fin dejar el piano. Lo cierto es que debí haber tenido la suficiente actitud para enfrentar a mis papás y dejar el piano muchísimo tiempo antes, pero una gran parte de mi vida y justamente por como me criaron mis papás, yo no era lo suficientemente capaz de actuar por mí mismo, y yo nunca fui realmente yo sino quien yo creía que la gente esperaba que yo fuese (tomar un momento para entender la última frase). Pero sólo hasta estos últimos años aprendí a ser yo mismo, que no importaba lo que la gente esperara de mí, entendí que mi verdadero yo podía no gustarle a todo el mundo pero que sí le gustaría a todo aquel que valiera la pena. Eso en muchos sentidos, no sólo con respecto al piano.

Pero antes de terminar con mi drama haré una suerte de apología: como ya lo había dicho, un hijo no viene con manual de instrucciones y no se puede esperar de los padres que sean perfectos sobre todo cuando con ellos tampoco lo fueron. Por otro lado, gracias al piano conocí gente increíble, si yo no hubiera tocado piano, por ejemplo, no conocería a mi mejor amigo; no todo es malo, como quien dice.

Lo malo es que perdí mucho tiempo en algo que no me gustaba, que no me hacía feliz, que nunca sentí parte de mí. No me enseñó a ser alguien disciplinado porque nunca me importó lo suficiente para trabajar seriamente en eso, ahora estoy pagando las consecuencias. Pero sobre todo, no me dejó tiempo de hacer algo que realmente me gusta, algo que tal vez se convertiría en mi vida, en mi verdadera pasión. 

Ese algo se llama danza. Hasta hace muy poco descubrí lo que se sentía bailar (esto lo expongo en mi anterior entrada) y esto definitivamente de debe a que estando en el conservatorio, no tenía tiempo de pensar en hacer cualquier otra actividad extracurricular. Ahora tengo dieciocho años y como lo digo en mi anterior entrada, tal vez es muy tarde. Hace menos de un mes, la última vez que mi papá me repitió su trilladísima frase ("Tú ahorita crees que estás muy joven pero el tiempo..."), en un desesperado intento por que yo volviera a tocar piano, yo le respondí: "Si papá, exactamente, el tiempo ha pasado y lo he perdido tocando piano, y tenías razón: cuando menos me di cuenta, habían pasado dieciocho años de mi vida en los que me dediqué a hacer felices a ti  y a mi mamá haciendo algo que no me gusta y nunca me gustó, y por el contrario no hice nada de lo que sí me gusta" (con voz quebrada y todas esas cosas).

En estos últimos meses he estado hablando con mi mamá y he intentado hacerle entender lo egoístas que fueron ella y mi papá, y lo frustrado que he estado al respecto. Ella me responde que me entiende, que  lamenta como actuó pero que lo hizo con la mejor de las intenciones, me dijo que no quería que le pasara "cuentas de cobro", que esperaba que algún día dejara la rabia que tenía con ellos y que dejara de mirar al pasado. Y tiene razón, no los puedo culpar, después de todo yo no vine con manual de instrucciones; pero sobre todo, el pasado es pasado, el presente es lo que importa, y si quiero ser un bailarín debo tener mi peso un poco hacia adelante (un bailarín sabe exactamente a lo que me refiero, pero como metáfora también funciona), y sin importar lo que haya atrás, es ahora cuando debo trabajar esforzándome en ser el mejor bailarín que sea capaz.

Así pues, con esto espero haberme sacado esta espinita, ya me desahogué para siempre, ya no puedo lamentarme por lo que no hice. Pero eso sí, no debo olvidarlo, ni yo ni nadie: Si terminas con una vida aburrida y miserable porque escuchaste a tu mamá, tu papá, tu profesor, tu pastor o algún tipo en la televisión diciéndote cómo vivir, entonces te lo mereces.

domingo, 26 de agosto de 2012

El blog, el 2012, la universidad, el tiempo, la danza

He terminado de publicar las entradas más importantes de "Una sencilla ópera". He cambiado el diseño del blog, ahora me gusta mucho más. Aún no sé cuál será el nombre definitivo del blog, pero me preocuparé de eso más tarde. Lo que sigue es continuar publicando entradas, entradas nuevas, claro está.

Como ya lo habrán notado, queridos lectores, he dejado de publicar entradas a diario. Redactar una entrada digna de ser publicada requiere de cierto tiempo, de cierta dedicación. Lo complicado del asunto es que soy estudiante de Literatura, cosa que me exige una considerable cantidad de tiempo a la semana para leer e investigar para las distintas materias que estoy tomando. 

Además de eso, estoy bailando diez horas a la semana, es aquí a donde quería llegar. Pero primero, voy a cerrar lo que venía comentando: como estoy bailando, esto no sólo me exige diez horas más de mi tiempo en la semana, sino que además, muchas veces estoy muy cansado, fatigado, agotado como para pensar en cualquier cosa que no sea o un capítulo de alguna serie o mi cama; y esto incluye, la universidad, y por supuesto, el blog. Por lo tanto, no puedo permitirme más que una entrada semanal. Lo más seguro es que cada domingo aparezca algo nuevo por acá.

Ahora sí, contaré un poco de mi historia de este año y todo (o casi todo) lo que tiene que ver con la danza. Y me remonto a noviembre del año pasado, cuando tuve que hacerme un cuadro hemático (o exámenes de sangre, que llaman), para abrir mi historia clínica en la universidad, cosa que es un requisito para poder matricularse. En este cuadro hemático, resultó que yo tenía en mi sangre niveles altos de yonosequé y que eso podría llegar a ser problemático y que me podía dar un patatus (no tengo idea de los nombres reales de yonosequé y patatus, pero ese no es el punto, de todas formas). El punto es que mi doctor me dijo que era muy importante que yo hiciera ejercicio. El dilema en este punto era qué ejercicio, porque a decir verdad, ningún deporte me llama realmente la atención; y eso que intenté hacer patinaje, tenis y  natación. Y por nada del mundo yo iría a un gimnasio, ¡qué lugar aburridor! Entonces pensé en la danza, la danza era la solución. 

En este punto (febrero, más o menos), el problema dejó de ser el qué. Ahora, el problema era el cuándo, el dónde y el cómo; o bueno: el horario, la academia y el estilo o técnica de danza. Lo del horario era lo más problemático, puesto que para esa época del año, yo estaba tomando cursos intensivos de francés de lunes a viernes, así que por un lado, era difícil encontrar un horario en danza que se aduecuara a mi agitada agenda; y por otro, no podía permitirme hacer muchas horas semanales puesto que yo ya tenía demasiadas cosas qué hacer.

Ahora bien, para ese entonces, yo había comenzado con unos amigos a tocar música, habíamos formado una banda. La bajista de la banda, Verónica, que en ese entonces para mí era una conocida más (ahora es una de mis mejores amigas), hacía comentarios tipo "en danza nos hacen hacer tal cosa", "en danza tenemos que esto y esto"; esto me llamó la atención y le pregunté dónde bailaba, qué bailaba, qué días iba, etcétera. Ella me hablo de su academia, en la que asistía a alineamiento corporal (que es básicamente estiramientos y fortalecimiento de músculos, entre muchas otras cosas) y jazz.

A decir verdad, lo que más me llamaba la atención era contemporáneo. Sin embargo, yo era una persona con muchas retracciónes y mi flexibilidad daba vergüenza, así que la clase de alineamiento corporal me llamó muchísimo la atención y le pedí a Vero que me llevara a conocer la academia, entonces ella me llevó a conocerla una tarde de marzo.

Ese día me permitieron asistir a las clases que tomaba Vero como cortesía de la academia. Ambas clases me gustaron mucho y la profesora me pareció muy buena. Además, si salía temprano de francés los dos días de Alineamiento y Jazz, el horario me funcionaría. Así las cosas, en abril comencé con la danza. Y me fue muy bien: al parecer, dicen los que saben, tengo potencial para la danza y puedo ser un bailarín muy bueno.

Para junio, mi grupo de francés (el de cuatro y media a seis y media) se fue quedando sin asistentes, lo que provocó que se cerrara el grupo y sólo quedara como alternativa, el horario de las seis y media. Esto me dejaba con un gran dilema puesto que ya no podría volver a danza si me quedaba en clases de francés. Aunque si me salía de francés, pensé, tendría más tiempo y podría tomar más horas de danza.

Lo de tomar más horas era tentador. Por un lado, contemporáneo seguía llamándome la atención, y Paula, mi profesora de jazz, llevaba un tiempo diciéndome que debería entrar a ballet, que si lo hacía, yo avanzaría muchísimo; por el otro lado, si dejaba de bailar dejaría de hacer ejercicio y eso no me lo podía permitir, además, a decir verdad, yo estaba disfrutando más la danza que el francés. Así que lo decidí, dejé las clases de francés, tal vez después las retomaría, y comencé a ver ballet, contemporáneo y otra clase de alineamiento corporal que dicta Leo, el profesor de contemporáneo.

Esta fue una de las mejores decisiones que tomé en lo que va del 2012. Con la otra clase de alineamiento, mi estado físico y mi flexibilidad, que ya habían comenzado a avanzar, mejoraron muchísimo; con ballet comencé a entender mucho mejor todas las demás técnicas, además con las clases de alineamiento y jazz, yo ya tenía bases para ballet, y eso hizo que yo no entrara tan perdido. Ahora bien, yo tenía serias dudas de entrar a contemporáneo puesto que al parecer, ese grupo llevaba trabajando un buen tiempo y ya iban bastante avanzados, y sin embargo, acepté el reto y la inscribí. Leo me advirtió que él no podría dedicarme mucho tiempo de la clase para que yo me aprendiera las secuencias que el grupo llevaba un buen tiempo trabajando, y que por eso, yo debía ser muy aplicado y debía ir a todas las clases para poder alcanzar el nivel del grupo. Y lo hice, en un mes logré alcanzar el nivel del grupo y ahora ésta es mi clase favorita.

Creo que mi calidad de vida ha mejorado mucho en estos meses: ahora me siento mucho mejor conmigo mismo, mucho más vital, por fin siento que estoy haciendo lo que realmente me gusta, estoy rodeado de personas muy agradables, en fin, no puedo pedir nada más.

A veces me imagino como un bailarín profesional, a veces dejo volar mi imaginación y me pregunto si podría ser un bailarín exitoso, si podría vivir de eso. Pero la realidad es que empezar a bailar a los 18 años es tal vez muy tarde y yo ya he comenzado a estudiar una carrera que también me gusta mucho, de la que me quiero graduar. No sé que vueltas me dará la vida, pero por ahora, me siento muy feliz así como estoy.

Tal vez algún día pueda hacer algo por este estilo, no lo sé:


En la próxima entrada posiblemente me desahogaré con algo que tiene mucho que ver con todo esto. Hasta la próxima semana.

lunes, 20 de agosto de 2012

La Pintura

Publicado originalmente el 29 de febrero en "Una sencilla ópera"
Dedicado a Rocio Acosta
Mientras caminaba, Ezequiel recordaba la curiosa sonrisa de la muchacha que vio la noche anterior. El recuerdo de tal sonrisa le nublaba la mente y no le dejaba hacerse preguntas tales como “¿Para qué me daría ella este papel?” o “¿A dónde se supone que me lleva esta dirección?” o al menos “¿Debería yo confiar en esta chica?”. No, lo único que se le pasaba por la mente era su sonrisa y las incontrolables ganas que tenía de volverla a ver. El mensaje, se decía Ezequiel, era muy claro: Si iba al lugar que indicaba la dirección escrita en el papel que ella le había dado, allí la encontraría.

El lugar al que llevaba la dirección era una casa. Cuando Ezequiel llegó, vio que tenía la puerta abierta. Desde afuera, él veía un pasillo con paredes blancas. Sin dejar de caminar, él entró, nadie lo detuvo y con nadie se cruzó, cosa que al chico no pareció extrañarle. El pasillo era bastante luminoso, después de unos metros giraba a la izquierda, y al fondo había una puerta también blanca.

El blanco de las paredes, parecía hacer que las acciones de Ezequiel fuesen más mecánicas y menos conscientes, de modo que apenas se dio cuenta de que había entrado a una habitación mucho más espaciosa y con el techo mucho más elevado que el del pasillo que acababa de abandonar. El piso, el techo y las paredes eran tan blancos que al principio lo enceguecieron.
Lo primero que él notó, era que aquella muchacha no estaba en esa habitación, cosa que le bajó mucho el ánimo y lo arrastró por un segundo a la realidad. No obstante, justo en el momento en el que Ezequiel pensó en salir de allí, notó que el color blanco no era lo único que había en aquella habitación.

Al final de la habitación había una pintura que tenía un estilo que el chico nunca había visto. Al fijarse mejor, él creyó ver a la muchacha por la que había llegado hasta allá, retratada en ese cuadro. Su aspecto en la pintura, era aún más seductor que el que tenía en persona, puesto que había en ella una belleza que Ezequiel hubiese descrito como mágica. La misma sonrisa que lo había obsesionado, ahora lo hechizaba y no le permitía apartar sus ojos de ella, no le permitía parpadear siquiera.

Nadie puede decir cuánto tiempo permaneció el muchacho inmóvil, sin parpadear y sin respirar, él mismo tampoco hubiese podido. Y enorme fue su miedo cuando fue consciente de haber pasado tanto tiempo así. Sin embargo, el muchacho tenía que hacer grandes esfuerzos para poder parpadear y respirar, y si algo lo distraía de esas cosas, simplemente lo dejaba de hacer. El problema es que ese algo existía, el cuadro al final de la habitación no hacía más que llamar la atención de Ezequiel.

Poco a poco, él se iba dejando llevar por el encanto de aquella muchacha. Poco a poco, el temor por su vida iba desapareciendo. Poco a poco, su familia, sus amigos y todos los que conocían a Ezequiel, se iban olvidando de su nombre, de su aspecto y de su existencia. Poco a poco, el color blanco de aquella habitación consumía la imagen de un muchacho de diecinueve años, que había perdido su nombre.

En una galería que había en esa misma ciudad, una muchacha de veintiún años se paseaba cogida de la mano de su novio. Hasta hacía muy poco, ella estaba pensando en la cena que le prepararía a su hermano menor, pero en aquel momento, toda la atención de la muchacha se centraba en una pintura, que ella no había notado antes. En esta pintura, de un estilo absolutamente novedoso, se retrataban las figuras de un chico y una chica, ambos con facciones hermosísimas. La chica que estaba mirando el cuadro, se sintió extrañamente familiarizada con el muchacho retratado en la pintura, como si esa fuese la apariencia que tendría su propio hermano, de haber recordado haberlo tenido alguna vez en su vida.

domingo, 19 de agosto de 2012

Estigma del codo

Publicado originalmente el 10 de abril de 2011 en "Una sencilla ópera" 

Tal vez he llegado a ser muy ritualista. Es tal vez por eso, que me han llegado a afectar tanto, las diversas reglas de etiqueta. En términos generales, procuro siempre acatarlas, con la mejor intención de dar una buena imagen. No obstante, hay una de estas reglas con la que siempre he tenido problemas y aún no logro superar: "Cuando te sientes a comer, los codos en la mesa no has de poner".

Averiguando un poco, me enteré que la famosísima regla nació de cuando las familias eran numerosas, y muchas personas se sentaban a comer en la misma mesa. Muchas veces, no había espacio suficiente para los codos, puesto que al ponerlos en la mesa, uno los tiende a abrir. Así que se estableció que los codos en la mesa no se debían colocar, con el fin de no incomodar a los de al lado, y no gastar ese espacio tan necesitado.

Sin duda, la regla fue muy adecuada en su época. Sin embargo, al pasar de los años, las familias se han reducido y menos espacio se ha requerido. Hoy en día pienso que una persona no se incomodará en una mesa por falta de movilidad en los brazos, sino por falta de movilidad en todo el cuerpo. Así que considero de mucha peor educación al que invitó a muchos a comer en una mesa pequeña, que al invitado que puso sus codos sobre la mesa .

Pienso que los codos sobre la mesa ni siquiera se ven estéticamente mal y que no hay ningún problema en ponerlos cuando hay espacio suficiente. En conclusión, digo yo, a la hora de comer, se ha de pensar antes en el tamaño de la mesa que en el estigma del codo.

sábado, 18 de agosto de 2012

La Hechicera

Publicado originalmente el 26 de marzo de 2011 en "Una sencilla ópera"

Sólo estaba ella, como su única compañía. Ella, y la lluvia, cayendo suavemente aquella tarde calurosa.

Sus ojos, los de ella, esos grandes ojos, que decían tanto en un instante, esos ojos de un tono casi amarillo parecían transmitirle un mensaje mágico en lenguas ocultas. Su piel, esa blanca piel que le embrujaba con su absoluta perfección. De esa piel aún se acuerda perfectamente, se acuerda de cómo lograba reflejar la luz del sol que era lejana. 

La lluvia que caía parecía no importarles. Incluso ella, la hermosa, parecía no mojarse. Su pelo conservaba intacta su forma. Ese pelo negro y ondulado, que ella dejaba caer a un lado para que se lo tocara, para que jugara con él. Sentía en sus manos una suave textura, una textura que le hacía perder el hilo del momento. Sólo pensaba en ella; el dónde, el cuándo y el porqué ya perdían todo sentido.

No había palabras, no las necesitaban. La amaba y ella le enamoraba. Pero ella sólo era coqueta, no tanto, pues ella no quería que lo notara. Igual sus ojos lograban engañarle, lograban decirle mentiras, decirle que ella también le amaba. Su piel, su suave piel le deslumbraba, así le distraía; y su pelo fue capaz de prohibirle que pensara de más. El engaño estaba hecho.

Propósito no había, ella sólo quería engañarle. Porque sí, porque así debía ser.

Entre aquellos dos pares de ojos, la mitad de ellos endiabladamente hermosos, se podía ver el magnetismo, se percibía lo mucho que esos ojos deseaban acercarse para darle paso a los labios. Rojos los labios de ella, rojos y también hermosos, con una permanente sonrisa, porque así era ella.

Mas esos labios nunca se tocaron. De esas dos siluetas femeninas, la más hermosa desapareció, llevándose consigo el calor de aquella tarde lluviosa, la hermosura de aquel paisaje y una parte del alma de aquella joven. El dónde, el cuándo y el porqué golpearon a la joven de imprevisto.

Aquella joven, nunca supo si la hechicera era real. Pero sí notó, pasado un tiempo que no era la misma. Porque esa hechicera, esa hermosa hechicera, se llevó una parte de ella que nunca volvería. Porque la joven amó a la hechicera.

Ni siquiera una única lágrima derramada por esa joven, se pudo llevar el recuerdo de aquel reflejo del sol en la blanca piel de la hechicera.

viernes, 17 de agosto de 2012

Se fue la luz

Publicado originalmente el 21 de marzo de 2011 en "Una sencilla ópera"
Hay que ver lo interesantes que pueden llegar a ser las cosas cuando se va la luz. Y es que ha pasado muchas veces, tantas que es difícil acordarse de alguna en específico, de cualquier manera, tal vez eso no haga tanta falta.

Pártase de imaginar una típica situación. Son las ocho de la noche y hay un programa estupendo en televisión o una charla importantísima por chat, y en el punto de mayor emoción (como para más rabia dar), se va la luz. Por la mente de todo aquel al que le sucedió, hizo presencia la frase “se fue la luz” (o el modo de decirlo coloquialmente según la región en la que se esté).

Da rabia en el momento y también al sopesar lo que algunos llamamos “El plan B”, porque todo en lo que se piensa sobre todo a esta hora, incluye luz. Pasada tal rabia y llegada la resignación, el panorama parece mejorar.

Ya se ha dicho o tal vez sólo pensado, sobre ese pequeño placer de llegar hasta la cama, ese lugar a donde hay que llegar en este tipo de situaciones, sin tropezarse, claro. Eso sí, habrá que tener muy en cuenta que al más mínimo tropiezo, al más mínimo choque de la punta de un pie contra un borde cualquiera, la magia de la situación se perderá y será muy difícil de recuperar.

Cierto "plus" para la situación se lograría con el uso de algún aparato que reproduzca música sin necesidad de una conexión eléctrica. No obstante se tiende a considerar aquello como una "Salida Fácil" y realmente no es ni necesario ni importante. De todos modos, es preferible para la situación, música suave, que no llegue a opacar los pensamientos ni los sonidos realmente importantes.

Ya en la cama y en paz, la magia comienza. Si se puede mirar por la ventana, las historias que cuentan las estrellas podrán ser leídas, mas si la lluvia las opaca, el suave sonido de ésta podrá ser plácidamente escuchado. Se puede reflexionar sobre muchos asuntos, se puede recordar placeres pasados, se puede hacer planes agradables. Lo importante es olvidarse, por ese rato, de las cosas que no se pueden hacer sin energía eléctrica.

Habrá que correr con suerte para poder llegar al placer máximo antes de que esa maldita electricidad vuelva, pensando que era extrañada. Esa electricidad que aunque lo arruine todo, será inevitablemente bienvenida, porque es un llamado hacia la cómoda normalidad.

Lo anterior, entes de la tierra, es un reconocimiento digno de esa hermosa aunque rechazada frase: "Se fue la luz".

jueves, 16 de agosto de 2012

Había una vez...

Había una vez, un chico que nunca comenzaba sus historias con "había una vez", le parecía ridículo. Un día, cuando se puso a hacer la introducción de su nuevo blog, decidió hacerlo como para romper paradigmas (risas intelectualoides). Federico era el nombre de este chico.

Resulta que a Federico le gustaba escribir y también le encantaba leer; fue por esto que decidió estudiar literatura. Su problema es que era alguien sumamente indisciplinado y algo inestable, de modo que siempre se le ha dificultado ser constante con todos y cada uno de sus proyectos.

La historia que estaba escribiendo Federico (esa que comienza con "había una vez"), se remonta a marzo del 2011, cuando él estaba en su último año de colegio. Fue entonces, cuando decidió hacer un blog. En este blog, él plasmaría sus pensamientos, sus anécdotas, uno que otro intento de producción literaria o simplemente algo que haya decidido expresar (una espinita que se haya querido sacer, dirían algunos). Durante dos meses, él se tomó muy en serio su trabajo como blogger, escribió un número considerable de entradas y su blog logró tener más de mil visitas en este tiempo.

No obstante, hacia mediados de mayo, algunas cosas cambiaron considerablemente su perspectiva en general sobre la vida. En consecuencia, Federico fue perdiendo el interés por publicar entradas, y poco a poco, su blog se fue perdiendo en el olvido.

Un año después, Federico, que ya estaba estudiando literatura, se dio cuenta que la disciplina de escribir periódicamente era algo muy importante para un literato. Por eso, pensó que lo mejor sería retomar su blog. Sin embargo, y justamente por todos los cambios que había hecho en su vida desde mayo, Federico ya no se sentía identificado con su blog: ni el nombre, ni algunas entradas tenían mucho que ver con lo que Federico era en ese momento.

Lo que decidió entonces fue hacer borrón y cuenta nueva. Esta vez, Federico se propuso hacer algo que trascendiera en el tiempo, algo que después de muchos años aún se identificara con él (cosa que sería difícil, porque a sus 18 años, era muy posible que su vida siguiera cambiando). Lo intentaría, se dijo, procurando eso sí, ser constante con su nuevo blog.

Entonces se puso en la tarea de llevar a cabo el proceso de renovación del blog. Lo primero que hizo, fue escribir y publicar la última entrada de su viejo blog; luego, buscó un blog que ya había creado para otros fines, pero que aún estaba vacío; Abrió este blog y cambió el nombre y la URL; a continuación, comenzó a escribir la introducción de su nuevo blog, en la que contaría, resumidamente y en tercera persona, lo que lo había llevado a escribir de nuevo...

Es en este punto en que la historia de Federico se junta con el presente. Pero aún queda mucho por hacer: Federico prometió en su despedida del viejo blog, por ejemplo, que rescataría, corregiría y publicaría algunas de las entradas antiguas; además, él debe buscar un nombre más adecuado para el naciente blog, que aquel que le hizo de afán. Pero antes de eso, Federico debe volver al presente, terminar su entrada y publicarla, iniciando así, lo que espera ser un blog más duradero y más exitoso.