He terminado de publicar las entradas más importantes de "Una sencilla ópera". He cambiado el diseño del blog, ahora me gusta mucho más. Aún no sé cuál será el nombre definitivo del blog, pero me preocuparé de eso más tarde. Lo que sigue es continuar publicando entradas, entradas nuevas, claro está.
Como ya lo habrán notado, queridos lectores, he dejado de publicar entradas a diario. Redactar una entrada digna de ser publicada requiere de cierto tiempo, de cierta dedicación. Lo complicado del asunto es que soy estudiante de Literatura, cosa que me exige una considerable cantidad de tiempo a la semana para leer e investigar para las distintas materias que estoy tomando.
Además de eso, estoy bailando diez horas a la semana, es aquí a donde quería llegar. Pero primero, voy a cerrar lo que venía comentando: como estoy bailando, esto no sólo me exige diez horas más de mi tiempo en la semana, sino que además, muchas veces estoy muy cansado, fatigado, agotado como para pensar en cualquier cosa que no sea o un capítulo de alguna serie o mi cama; y esto incluye, la universidad, y por supuesto, el blog. Por lo tanto, no puedo permitirme más que una entrada semanal. Lo más seguro es que cada domingo aparezca algo nuevo por acá.
Ahora sí, contaré un poco de mi historia de este año y todo (o casi todo) lo que tiene que ver con la danza. Y me remonto a noviembre del año pasado, cuando tuve que hacerme un cuadro hemático (o exámenes de sangre, que llaman), para abrir mi historia clínica en la universidad, cosa que es un requisito para poder matricularse. En este cuadro hemático, resultó que yo tenía en mi sangre niveles altos de yonosequé y que eso podría llegar a ser problemático y que me podía dar un patatus (no tengo idea de los nombres reales de yonosequé y patatus, pero ese no es el punto, de todas formas). El punto es que mi doctor me dijo que era muy importante que yo hiciera ejercicio. El dilema en este punto era qué ejercicio, porque a decir verdad, ningún deporte me llama realmente la atención; y eso que intenté hacer patinaje, tenis y natación. Y por nada del mundo yo iría a un gimnasio, ¡qué lugar aburridor! Entonces pensé en la danza, la danza era la solución.
En este punto (febrero, más o menos), el problema dejó de ser el qué. Ahora, el problema era el cuándo, el dónde y el cómo; o bueno: el horario, la academia y el estilo o técnica de danza. Lo del horario era lo más problemático, puesto que para esa época del año, yo estaba tomando cursos intensivos de francés de lunes a viernes, así que por un lado, era difícil encontrar un horario en danza que se aduecuara a mi agitada agenda; y por otro, no podía permitirme hacer muchas horas semanales puesto que yo ya tenía demasiadas cosas qué hacer.
Ahora bien, para ese entonces, yo había comenzado con unos amigos a tocar música, habíamos formado una banda. La bajista de la banda, Verónica, que en ese entonces para mí era una conocida más (ahora es una de mis mejores amigas), hacía comentarios tipo "en danza nos hacen hacer tal cosa", "en danza tenemos que esto y esto"; esto me llamó la atención y le pregunté dónde bailaba, qué bailaba, qué días iba, etcétera. Ella me hablo de su academia, en la que asistía a alineamiento corporal (que es básicamente estiramientos y fortalecimiento de músculos, entre muchas otras cosas) y jazz.
A decir verdad, lo que más me llamaba la atención era contemporáneo. Sin embargo, yo era una persona con muchas retracciónes y mi flexibilidad daba vergüenza, así que la clase de alineamiento corporal me llamó muchísimo la atención y le pedí a Vero que me llevara a conocer la academia, entonces ella me llevó a conocerla una tarde de marzo.
Ese día me permitieron asistir a las clases que tomaba Vero como cortesía de la academia. Ambas clases me gustaron mucho y la profesora me pareció muy buena. Además, si salía temprano de francés los dos días de Alineamiento y Jazz, el horario me funcionaría. Así las cosas, en abril comencé con la danza. Y me fue muy bien: al parecer, dicen los que saben, tengo potencial para la danza y puedo ser un bailarín muy bueno.
Para junio, mi grupo de francés (el de cuatro y media a seis y media) se fue quedando sin asistentes, lo que provocó que se cerrara el grupo y sólo quedara como alternativa, el horario de las seis y media. Esto me dejaba con un gran dilema puesto que ya no podría volver a danza si me quedaba en clases de francés. Aunque si me salía de francés, pensé, tendría más tiempo y podría tomar más horas de danza.
Lo de tomar más horas era tentador. Por un lado, contemporáneo seguía llamándome la atención, y Paula, mi profesora de jazz, llevaba un tiempo diciéndome que debería entrar a ballet, que si lo hacía, yo avanzaría muchísimo; por el otro lado, si dejaba de bailar dejaría de hacer ejercicio y eso no me lo podía permitir, además, a decir verdad, yo estaba disfrutando más la danza que el francés. Así que lo decidí, dejé las clases de francés, tal vez después las retomaría, y comencé a ver ballet, contemporáneo y otra clase de alineamiento corporal que dicta Leo, el profesor de contemporáneo.
Esta fue una de las mejores decisiones que tomé en lo que va del 2012. Con la otra clase de alineamiento, mi estado físico y mi flexibilidad, que ya habían comenzado a avanzar, mejoraron muchísimo; con ballet comencé a entender mucho mejor todas las demás técnicas, además con las clases de alineamiento y jazz, yo ya tenía bases para ballet, y eso hizo que yo no entrara tan perdido. Ahora bien, yo tenía serias dudas de entrar a contemporáneo puesto que al parecer, ese grupo llevaba trabajando un buen tiempo y ya iban bastante avanzados, y sin embargo, acepté el reto y la inscribí. Leo me advirtió que él no podría dedicarme mucho tiempo de la clase para que yo me aprendiera las secuencias que el grupo llevaba un buen tiempo trabajando, y que por eso, yo debía ser muy aplicado y debía ir a todas las clases para poder alcanzar el nivel del grupo. Y lo hice, en un mes logré alcanzar el nivel del grupo y ahora ésta es mi clase favorita.
Creo que mi calidad de vida ha mejorado mucho en estos meses: ahora me siento mucho mejor conmigo mismo, mucho más vital, por fin siento que estoy haciendo lo que realmente me gusta, estoy rodeado de personas muy agradables, en fin, no puedo pedir nada más.
A veces me imagino como un bailarín profesional, a veces dejo volar mi imaginación y me pregunto si podría ser un bailarín exitoso, si podría vivir de eso. Pero la realidad es que empezar a bailar a los 18 años es tal vez muy tarde y yo ya he comenzado a estudiar una carrera que también me gusta mucho, de la que me quiero graduar. No sé que vueltas me dará la vida, pero por ahora, me siento muy feliz así como estoy.
Tal vez algún día pueda hacer algo por este estilo, no lo sé:
En la próxima entrada posiblemente me desahogaré con algo que tiene mucho que ver con todo esto. Hasta la próxima semana.
Ahora bien, para ese entonces, yo había comenzado con unos amigos a tocar música, habíamos formado una banda. La bajista de la banda, Verónica, que en ese entonces para mí era una conocida más (ahora es una de mis mejores amigas), hacía comentarios tipo "en danza nos hacen hacer tal cosa", "en danza tenemos que esto y esto"; esto me llamó la atención y le pregunté dónde bailaba, qué bailaba, qué días iba, etcétera. Ella me hablo de su academia, en la que asistía a alineamiento corporal (que es básicamente estiramientos y fortalecimiento de músculos, entre muchas otras cosas) y jazz.
A decir verdad, lo que más me llamaba la atención era contemporáneo. Sin embargo, yo era una persona con muchas retracciónes y mi flexibilidad daba vergüenza, así que la clase de alineamiento corporal me llamó muchísimo la atención y le pedí a Vero que me llevara a conocer la academia, entonces ella me llevó a conocerla una tarde de marzo.
Ese día me permitieron asistir a las clases que tomaba Vero como cortesía de la academia. Ambas clases me gustaron mucho y la profesora me pareció muy buena. Además, si salía temprano de francés los dos días de Alineamiento y Jazz, el horario me funcionaría. Así las cosas, en abril comencé con la danza. Y me fue muy bien: al parecer, dicen los que saben, tengo potencial para la danza y puedo ser un bailarín muy bueno.
Para junio, mi grupo de francés (el de cuatro y media a seis y media) se fue quedando sin asistentes, lo que provocó que se cerrara el grupo y sólo quedara como alternativa, el horario de las seis y media. Esto me dejaba con un gran dilema puesto que ya no podría volver a danza si me quedaba en clases de francés. Aunque si me salía de francés, pensé, tendría más tiempo y podría tomar más horas de danza.
Lo de tomar más horas era tentador. Por un lado, contemporáneo seguía llamándome la atención, y Paula, mi profesora de jazz, llevaba un tiempo diciéndome que debería entrar a ballet, que si lo hacía, yo avanzaría muchísimo; por el otro lado, si dejaba de bailar dejaría de hacer ejercicio y eso no me lo podía permitir, además, a decir verdad, yo estaba disfrutando más la danza que el francés. Así que lo decidí, dejé las clases de francés, tal vez después las retomaría, y comencé a ver ballet, contemporáneo y otra clase de alineamiento corporal que dicta Leo, el profesor de contemporáneo.
Esta fue una de las mejores decisiones que tomé en lo que va del 2012. Con la otra clase de alineamiento, mi estado físico y mi flexibilidad, que ya habían comenzado a avanzar, mejoraron muchísimo; con ballet comencé a entender mucho mejor todas las demás técnicas, además con las clases de alineamiento y jazz, yo ya tenía bases para ballet, y eso hizo que yo no entrara tan perdido. Ahora bien, yo tenía serias dudas de entrar a contemporáneo puesto que al parecer, ese grupo llevaba trabajando un buen tiempo y ya iban bastante avanzados, y sin embargo, acepté el reto y la inscribí. Leo me advirtió que él no podría dedicarme mucho tiempo de la clase para que yo me aprendiera las secuencias que el grupo llevaba un buen tiempo trabajando, y que por eso, yo debía ser muy aplicado y debía ir a todas las clases para poder alcanzar el nivel del grupo. Y lo hice, en un mes logré alcanzar el nivel del grupo y ahora ésta es mi clase favorita.
Creo que mi calidad de vida ha mejorado mucho en estos meses: ahora me siento mucho mejor conmigo mismo, mucho más vital, por fin siento que estoy haciendo lo que realmente me gusta, estoy rodeado de personas muy agradables, en fin, no puedo pedir nada más.
A veces me imagino como un bailarín profesional, a veces dejo volar mi imaginación y me pregunto si podría ser un bailarín exitoso, si podría vivir de eso. Pero la realidad es que empezar a bailar a los 18 años es tal vez muy tarde y yo ya he comenzado a estudiar una carrera que también me gusta mucho, de la que me quiero graduar. No sé que vueltas me dará la vida, pero por ahora, me siento muy feliz así como estoy.
Tal vez algún día pueda hacer algo por este estilo, no lo sé:
En la próxima entrada posiblemente me desahogaré con algo que tiene mucho que ver con todo esto. Hasta la próxima semana.
