Publicado originalmente el 10 de abril de 2011 en "Una sencilla ópera"
Tal vez he llegado a ser muy ritualista. Es tal vez por eso, que me han llegado a afectar tanto, las diversas reglas de etiqueta. En términos generales, procuro siempre acatarlas, con la mejor intención de dar una buena imagen. No obstante, hay una de estas reglas con la que siempre he tenido problemas y aún no logro superar: "Cuando te sientes a comer, los codos en la mesa no has de poner".
Averiguando un poco, me enteré que la famosísima regla nació de cuando las familias eran numerosas, y muchas personas se sentaban a comer en la misma mesa. Muchas veces, no había espacio suficiente para los codos, puesto que al ponerlos en la mesa, uno los tiende a abrir. Así que se estableció que los codos en la mesa no se debían colocar, con el fin de no incomodar a los de al lado, y no gastar ese espacio tan necesitado.
Sin duda, la regla fue muy adecuada en su época. Sin embargo, al pasar de los años, las familias se han reducido y menos espacio se ha requerido. Hoy en día pienso que una persona no se incomodará en una mesa por falta de movilidad en los brazos, sino por falta de movilidad en todo el cuerpo. Así que considero de mucha peor educación al que invitó a muchos a comer en una mesa pequeña, que al invitado que puso sus codos sobre la mesa .
Pienso que los codos sobre la mesa ni siquiera se ven estéticamente mal y que no hay ningún problema en ponerlos cuando hay espacio suficiente. En conclusión, digo yo, a la hora de comer, se ha de pensar antes en el tamaño de la mesa que en el estigma del codo.
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