jueves, 16 de agosto de 2012

Había una vez...

Había una vez, un chico que nunca comenzaba sus historias con "había una vez", le parecía ridículo. Un día, cuando se puso a hacer la introducción de su nuevo blog, decidió hacerlo como para romper paradigmas (risas intelectualoides). Federico era el nombre de este chico.

Resulta que a Federico le gustaba escribir y también le encantaba leer; fue por esto que decidió estudiar literatura. Su problema es que era alguien sumamente indisciplinado y algo inestable, de modo que siempre se le ha dificultado ser constante con todos y cada uno de sus proyectos.

La historia que estaba escribiendo Federico (esa que comienza con "había una vez"), se remonta a marzo del 2011, cuando él estaba en su último año de colegio. Fue entonces, cuando decidió hacer un blog. En este blog, él plasmaría sus pensamientos, sus anécdotas, uno que otro intento de producción literaria o simplemente algo que haya decidido expresar (una espinita que se haya querido sacer, dirían algunos). Durante dos meses, él se tomó muy en serio su trabajo como blogger, escribió un número considerable de entradas y su blog logró tener más de mil visitas en este tiempo.

No obstante, hacia mediados de mayo, algunas cosas cambiaron considerablemente su perspectiva en general sobre la vida. En consecuencia, Federico fue perdiendo el interés por publicar entradas, y poco a poco, su blog se fue perdiendo en el olvido.

Un año después, Federico, que ya estaba estudiando literatura, se dio cuenta que la disciplina de escribir periódicamente era algo muy importante para un literato. Por eso, pensó que lo mejor sería retomar su blog. Sin embargo, y justamente por todos los cambios que había hecho en su vida desde mayo, Federico ya no se sentía identificado con su blog: ni el nombre, ni algunas entradas tenían mucho que ver con lo que Federico era en ese momento.

Lo que decidió entonces fue hacer borrón y cuenta nueva. Esta vez, Federico se propuso hacer algo que trascendiera en el tiempo, algo que después de muchos años aún se identificara con él (cosa que sería difícil, porque a sus 18 años, era muy posible que su vida siguiera cambiando). Lo intentaría, se dijo, procurando eso sí, ser constante con su nuevo blog.

Entonces se puso en la tarea de llevar a cabo el proceso de renovación del blog. Lo primero que hizo, fue escribir y publicar la última entrada de su viejo blog; luego, buscó un blog que ya había creado para otros fines, pero que aún estaba vacío; Abrió este blog y cambió el nombre y la URL; a continuación, comenzó a escribir la introducción de su nuevo blog, en la que contaría, resumidamente y en tercera persona, lo que lo había llevado a escribir de nuevo...

Es en este punto en que la historia de Federico se junta con el presente. Pero aún queda mucho por hacer: Federico prometió en su despedida del viejo blog, por ejemplo, que rescataría, corregiría y publicaría algunas de las entradas antiguas; además, él debe buscar un nombre más adecuado para el naciente blog, que aquel que le hizo de afán. Pero antes de eso, Federico debe volver al presente, terminar su entrada y publicarla, iniciando así, lo que espera ser un blog más duradero y más exitoso.

No hay comentarios:

Publicar un comentario