domingo, 9 de diciembre de 2012

Por eso saber contar algo es importante

Un señor llamado Santiago Espinosa me comentaba un día que la vida, más que para vivirla, es para contarla. Ese día, el señor Espinosa nos contó una historia que decía más o menos así:

«Resultaron dos personas en una isla desierta, producto del naufragio de un crucero en el que ambos eran pasajeros. Una de estas era una actriz muy famosa y atractiva, y el otro era un hombre común y corriente. Entre los dos encontraron la forma de sobrevivir, pero el hombre, lo que más quería era tener sexo con la actriz. Él se lo propuso y ella se negó, naturalmente, pues ¿cómo iba una actriz famosa como ella a acostarse con un don nadie? Pero el hombre siguió insistiéndole por un tiempo, hasta que ella finalmente aceptó, después de todo, ella también extrañaba el sexo.

»Comenzaron a tener sexo periódicamente, hasta que un día, el hombre se aburrió y se comenzó a negar. Esta vez, la actriz fue quien le insistió para que volvieran a tener sexo. Lo hizo muchas veces hasta que el hombre le dijo que volvería a tener sexo con ella si ella se vestía de hombre. A la chica no le hizo gracia la idea, se sintió mal de que el hombre con quien había tenido sexo los últimos días había resultado ser homosexual. Pero al final aceptó puesto que realmente se había vuelto dependiente de tener sexo con aquel hombre.

»La chica tomó prestada la ropa del hombre, se maquilló para parecer hombre, se escondió los senos, se recogió el pelo, impostó su voz y fue a ver al hombre. Entonces, cuando el hombre la vio vestida de hombre, le dijo: "¡Usted no me va a creer a quién me estoy follando!"»

En fin, la vida es para contarla. Puede que no sea del todo cierto y que la idea horrorice a más de uno, pero sí es cierto que si no pudiéramos contar nuestras experiencias, llegaría un momento en que éstas perderían sentido. Después de todo, generalmente nos valemos de ellas, y de nuestra habilidad para hacerlas parecer interesantes cuando queremos llamar la atención de alguien, ¿no?


Por eso, digo yo, saber contar algo es importante.

domingo, 2 de diciembre de 2012

El poder de la improvisación

Cada domingo aparece un nuevo dilema: qué es lo que voy a publicar en Días de Brujas esta vez. Y esta semana pensé: «No puedo hacer algo improvisado». En ese momento la palabra improvisado me dio una idea: hablar sobre cómo algo improvisado puede convertirse en éxito. 

Por supuesto que no lo hubiera pensado si no hubiese tenido la noche que tuve ayer. Resulta que como todos los sábados (o casi todos) tuve ensayo con la banda (la misma banda que yo había mencionado en "El blog, el 2012, la universidad, el tiempo, la danza"). El hecho es que yo suelo llevar a Vero a nuestros ensayos en el carro, pero esta vez resultó ser que mi señor don carro no quiso arrancar (sí, es una tortita del milenio pasado), entonces nos tuvimos que ir en transmilenio y llegamos cuarenta minutos tarde; por si fuera poco, los otros dos integrantes de la banda, Maria y Juanda, tenía una reunión y se tenía que ir muy temprano, de manera que casi no tuvimos tiempo de ensayar.

Al final, Vero y yo quedamos con la sensación de haber salido de nuestras casas para nada. Pero entonces yo tuve una idea: salir de rumba e ir a Natural Flow (una discoteca muy buena ubicada en carrera séptima con calle 45 en Bogotá), después de todo, yo no tenía el carro y a pesar de que tendría ensayo de danza al otro día, éste sólo iba a ser de una hora.

Y sin habernos preparado para salir de rumba esa noche, salimos hacia Natural Flow. Llegamos muy temprano y la rumba estaba muy apagada, entonces entramos a un café que quedaba cerca, muy bonito por cierto, nos tomamos una cerveza con granadína buenísima y estuvimos hablando un rato. Luego, a las diez pasadas volvimos a la discoteca que seguía algo apagada, pero esta vez decidimos quedarnos.

Fue cuestión de tiempo para que la discoteca se comenzara a llenar y la rumba se comenzara a prender. De ahí en adelante nos dedicamos a bailar, a tomarnos unos tragos, a conocer gente y a pasarla bien en general, y sí que la pasamos bien.

En fin, unas horas antes no nos habíamos imaginado una noche así y de repente, habíamos pasado una muy buena velada en compañía el uno del otro, todo porque un par de cosas no habían salido como esperábamos, y yo me inventé la forma de sacarle partido a la situación.

En conclusión, si algo no sale como esperas que salga, es posible que siempre haya una forma de inventarte algo para arreglar la situación. Hay que tener cuidado a la hora de improvisar algo, pero siempre puede salir muy, muy bien.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Destino

Este mes mi blog está dando algo de pena y hoy no será la excepción: resulta que tengo trabajos para esta semana en la universidad, y sí, la idea es hacerlos. Muchos de ustedes, queridos lectores, sabrán por mis anteriores entradas que estoy dejando la universidad (para explicaciones más detalladas consultar entradas anteriores), y sin embargo la idea es terminar pasando todas las materias, lo cual aún está en veremos.

Debido a esto, no me extenderé más con mi entrada de esta semana, y los dejaré no sin antes compartirles un video que me mostraron ayer: es un cortometraje que idearon juntos los señores Walt Disney y Salvador Dali (sonidos de sorpresa) hacia 1946, pero que por razones de tecnología no pudo ser realizado. Fue en el 2003 cuando Roy Disney, junto con el productor Baker Bloodworth, y basados en los bocetos y guiones de los mismos W. Disney y S. Dalí que llevaron el proyecto adelante.