viernes, 17 de agosto de 2012

Se fue la luz

Publicado originalmente el 21 de marzo de 2011 en "Una sencilla ópera"
Hay que ver lo interesantes que pueden llegar a ser las cosas cuando se va la luz. Y es que ha pasado muchas veces, tantas que es difícil acordarse de alguna en específico, de cualquier manera, tal vez eso no haga tanta falta.

Pártase de imaginar una típica situación. Son las ocho de la noche y hay un programa estupendo en televisión o una charla importantísima por chat, y en el punto de mayor emoción (como para más rabia dar), se va la luz. Por la mente de todo aquel al que le sucedió, hizo presencia la frase “se fue la luz” (o el modo de decirlo coloquialmente según la región en la que se esté).

Da rabia en el momento y también al sopesar lo que algunos llamamos “El plan B”, porque todo en lo que se piensa sobre todo a esta hora, incluye luz. Pasada tal rabia y llegada la resignación, el panorama parece mejorar.

Ya se ha dicho o tal vez sólo pensado, sobre ese pequeño placer de llegar hasta la cama, ese lugar a donde hay que llegar en este tipo de situaciones, sin tropezarse, claro. Eso sí, habrá que tener muy en cuenta que al más mínimo tropiezo, al más mínimo choque de la punta de un pie contra un borde cualquiera, la magia de la situación se perderá y será muy difícil de recuperar.

Cierto "plus" para la situación se lograría con el uso de algún aparato que reproduzca música sin necesidad de una conexión eléctrica. No obstante se tiende a considerar aquello como una "Salida Fácil" y realmente no es ni necesario ni importante. De todos modos, es preferible para la situación, música suave, que no llegue a opacar los pensamientos ni los sonidos realmente importantes.

Ya en la cama y en paz, la magia comienza. Si se puede mirar por la ventana, las historias que cuentan las estrellas podrán ser leídas, mas si la lluvia las opaca, el suave sonido de ésta podrá ser plácidamente escuchado. Se puede reflexionar sobre muchos asuntos, se puede recordar placeres pasados, se puede hacer planes agradables. Lo importante es olvidarse, por ese rato, de las cosas que no se pueden hacer sin energía eléctrica.

Habrá que correr con suerte para poder llegar al placer máximo antes de que esa maldita electricidad vuelva, pensando que era extrañada. Esa electricidad que aunque lo arruine todo, será inevitablemente bienvenida, porque es un llamado hacia la cómoda normalidad.

Lo anterior, entes de la tierra, es un reconocimiento digno de esa hermosa aunque rechazada frase: "Se fue la luz".

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