...Pero es que la infancia de cada persona depende mucho de sus papás, eso es inevitable. Y hasta cierto punto, los papás son enteramente responsables de cómo vive un niño su vida, después de todo, ellos son por bastante tiempo el único ejemplo que tiene un niño (por lo menos en mi caso fue así puesto que no tengo hermanos). Creo que justamente por esto, los padres de un niño deben procurar ante todo, enseñarle a ser él mismo, a desarrollar su personalidad. Ellos tienen que entender desde el principio que tienen en sus manos a una persona y no a una marioneta. Lo cierto es, y en eso volveré más adelante, que un hijo no viene con un manual de instrucciones (justamente porque no es una marioneta) y muy probablemente es la primera vez que una pareja se enfrente al reto de criar a un niño; los padres también deben aprender a ser padres, así como los hijos a ser personas.
Yo fui el típico caso del hijo de dos personas frustradas porque no pudieron ser músicos, puesto que sus respectivos papás no les permitieron hacerlo, e intentaron superar este fantasmita por medio de su hijo. Para colmo este niño (yo) tenía una enorme sensibilidad artística y un oído envidiable, y en algún momento se le ocurrió decirle a sus papás que quería tocar piano (o esa es la historia que me contaron).
Mis papás no dudaron un solo segundo para meterme en clases de organeta, su fantasmita del pasado los impulsó con mucha fuerza. Apenas les dijeron me compraron un piano, uno de verdad (acústico, con cuerdas, martillos y esas cosas). A mis diez años comencé clases en el conservatorio donde estuve siete años y medio de mi vida. El problema de todo esto es que a mí nunca me gustó de verdad tocar piano y por eso nunca fui lo suficientemente aplicado, cosa que nunca les dejó de molestar a mis papás. Ocasionalmente mi papá me decía: "Tú ahorita crees que estás muy joven pero el tiempo va pasando y cuando menos te des cuenta eres un viejo como yo y no has hecho nada. Entonces dirás 'mi papá tenía razón, no debí haber perdido el tiempo en bobadas' así que no pierdas el tiempo y estudia" (si me hubiera dado por llevar la cuenta de las veces que me dijo exactamente esa misma frase, al llegar a cincuenta me habría aburrido).
En muchas ocasiones dije que no me gustaba tocar el piano, que no lo quería hacer más. Y me respondían: "Entonces, ¿qué vas a hacer?" a lo que yo nunca supe qué responder y nunca fui capaz de liberarme. Pero finalmente me gradué del colegio y comencé la universidad, lo que me dio la excusa perfecta para por fin dejar el piano. Lo cierto es que debí haber tenido la suficiente actitud para enfrentar a mis papás y dejar el piano muchísimo tiempo antes, pero una gran parte de mi vida y justamente por como me criaron mis papás, yo no era lo suficientemente capaz de actuar por mí mismo, y yo nunca fui realmente yo sino quien yo creía que la gente esperaba que yo fuese (tomar un momento para entender la última frase). Pero sólo hasta estos últimos años aprendí a ser yo mismo, que no importaba lo que la gente esperara de mí, entendí que mi verdadero yo podía no gustarle a todo el mundo pero que sí le gustaría a todo aquel que valiera la pena. Eso en muchos sentidos, no sólo con respecto al piano.
Pero antes de terminar con mi drama haré una suerte de apología: como ya lo había dicho, un hijo no viene con manual de instrucciones y no se puede esperar de los padres que sean perfectos sobre todo cuando con ellos tampoco lo fueron. Por otro lado, gracias al piano conocí gente increíble, si yo no hubiera tocado piano, por ejemplo, no conocería a mi mejor amigo; no todo es malo, como quien dice.
Lo malo es que perdí mucho tiempo en algo que no me gustaba, que no me hacía feliz, que nunca sentí parte de mí. No me enseñó a ser alguien disciplinado porque nunca me importó lo suficiente para trabajar seriamente en eso, ahora estoy pagando las consecuencias. Pero sobre todo, no me dejó tiempo de hacer algo que realmente me gusta, algo que tal vez se convertiría en mi vida, en mi verdadera pasión.
Ese algo se llama danza. Hasta hace muy poco descubrí lo que se sentía bailar (esto lo expongo en mi anterior entrada) y esto definitivamente de debe a que estando en el conservatorio, no tenía tiempo de pensar en hacer cualquier otra actividad extracurricular. Ahora tengo dieciocho años y como lo digo en mi anterior entrada, tal vez es muy tarde. Hace menos de un mes, la última vez que mi papá me repitió su trilladísima frase ("Tú ahorita crees que estás muy joven pero el tiempo..."), en un desesperado intento por que yo volviera a tocar piano, yo le respondí: "Si papá, exactamente, el tiempo ha pasado y lo he perdido tocando piano, y tenías razón: cuando menos me di cuenta, habían pasado dieciocho años de mi vida en los que me dediqué a hacer felices a ti y a mi mamá haciendo algo que no me gusta y nunca me gustó, y por el contrario no hice nada de lo que sí me gusta" (con voz quebrada y todas esas cosas).

En estos últimos meses he estado hablando con mi mamá y he intentado hacerle entender lo egoístas que fueron ella y mi papá, y lo frustrado que he estado al respecto. Ella me responde que me entiende, que lamenta como actuó pero que lo hizo con la mejor de las intenciones, me dijo que no quería que le pasara "cuentas de cobro", que esperaba que algún día dejara la rabia que tenía con ellos y que dejara de mirar al pasado. Y tiene razón, no los puedo culpar, después de todo yo no vine con manual de instrucciones; pero sobre todo, el pasado es pasado, el presente es lo que importa, y si quiero ser un bailarín debo tener mi peso un poco hacia adelante (un bailarín sabe exactamente a lo que me refiero, pero como metáfora también funciona), y sin importar lo que haya atrás, es ahora cuando debo trabajar esforzándome en ser el mejor bailarín que sea capaz.
Así pues, con esto espero haberme sacado esta espinita, ya me desahogué para siempre, ya no puedo lamentarme por lo que no hice. Pero eso sí, no debo olvidarlo, ni yo ni nadie: Si terminas con una vida aburrida y miserable porque escuchaste a tu mamá, tu papá, tu profesor, tu pastor o algún tipo en la televisión diciéndote cómo vivir, entonces te lo mereces.