domingo, 30 de septiembre de 2012

Un trabalenguas de último minuto

Como pasé todo el día fuera de mi casa y no sé qué escribir esta semana, decidí dejarles un trabalenguas que alguna vez me frustró mucho. Está en inglés:

"Three swedish switched witches watch three swiss Swatch watch switches. Which swedish switched witch watch which swiss Swatch watch switch?"

Déjenme en los comentarios si les pareció difícil el trabalenguas, si lo pudieron decir completo y cuánto tiempo se demoraron en lograrlo.

Por último, les cuento que ya he puesto una forma para que se suscriban desde su correo electrónico y les llegué una notificación cada vez que se publique algo nuevo en el blog, no olviden hacerlo. Es todo por esta semana, la próxima será más largo, cambio y fuera.

domingo, 16 de septiembre de 2012

El origen de mi... ¿Sobreapellido?

Al parecer, la idea de que mi verdadero nombre sea Federico Brujas no parece ser tan descabellada ya que muchos lo dan por sentado. Pero desde ahora lo digo para quien no lo sepa o no lo tenga claro: ¡mi nombre real no es Federico Brujas! Pues digo, mi nombre sí es Federico pero Brujas no es en realidad mi apellido (y no, tampoco es mi segundo nombre -más risas intelectualoides que suenan 'hohoho'-). Yo no me pondría a hacer estas aclaraciones si no es porque muchas veces ha pasado que la gente, no es que se confunda, sino que simplemente no se les ocurre que no es en serio.

La historia de este sobreapellido (como sobrenombre pero aplicado al apellido, para quien no lo haya entendido todavía) es la siguiente: un día de año 2010, cansado de que mi nombre en facebook fuese Federico Puentes A, decidí cambiarlo de la misma manera en que muchos lo han hecho, esto en parte fue porque el apellido Puentes nunca me ha parecido especialmente pintoresco*. Con el pasar del tiempo fui teniendo nuevos amigos en facebook y cada vez la gente fue dejando de conocerme por mi apellido, excepto por mis compañeros de clase. Sin embargo, yo esperaba que la gente al menos se preguntara si mi apellido real fuera ese por dos simples razones: una es que Brujas es un apellido realmente excéntrico, la otra es que no es raro que los nombres de la gente en facebook no sean los de verdad, muchas veces son juegos de palabras, sobrenombres varios o viles atentados en contra de la ortografía y la estética en general (tipo Zërézitah Rekh o MiiqroBitha Zexy, desafortunadamente). Pero no, no fue así, muchos pensaron que ese nombre era real. El hecho es que Federico Brujas se fue volviendo mi nombre de internet y es así como actualmente me presento en casi todos los sitios que frecuento en la red. En el futuro, éste podría volverse un nombre artístico o algo por el estilo (risas).

Ahora, ¿por qué la palabra Brujas, por qué no otra? ¿Acaso tengo alguna fijación por la magia negra? ¿Acaso soy demasiado potterhead y necesito que mi nombre de internet lo diga? No, no es eso, en realidad este sobreapellido no es más que un curioso juego de palabras. En 2010, año en que cambié mi nombre en facebook, fui con mis papás a Europa y visitamos una serie de ciudades. Entre otras ciudades, visitamos Brujas, en Bélgica. Quedé realmente encantado con esta ciudad, es simplemente espectacular.

El caso es que me causó mucha curiosidad el nombre de esta ciudad y recurrí al doctor Wikipedia para conocer su etimología (origen y significado del nombre). Entonces encontré lo siguiente: El nombre oficial de la ciudad es Brugge (en idioma flamenco/neerlandés) y proviene del noruego antiguo Bryggia que significa puentes.

Así las cosas, "Brujas" resultaría, luego de una serie de transformaciones lingüísticas, significando "Puentes" que es mi apellido real. En ese momento, ya de vuelta en Bogotá, me pareció divertido cambiar mi nombre en facebook por un apellido que significara lo mismo sin que la gente lo supiera. Y lo hice al mismo tiempo en que puse la imagen de la izquierda como mi foto de perfil, ese soy yo en Brujas a mis dieciséis años (ojos aguados). De manera que en ningún momento estoy negando mi apellido, simplemente lo estoy diciendo con otra palabra que suena más pintoresca y misteriosa. O lo que sea.




domingo, 2 de septiembre de 2012

Los fantasmas del pasado

...Pero es que la infancia de cada persona depende mucho de sus papás, eso es inevitable. Y hasta cierto punto, los papás son enteramente responsables de cómo vive un niño su vida, después de todo, ellos son por bastante tiempo el único ejemplo que tiene un niño (por lo menos en mi caso fue así puesto que no tengo hermanos). Creo que justamente por esto, los padres de un niño deben procurar ante todo, enseñarle a ser él mismo, a desarrollar su personalidad. Ellos tienen que entender desde el principio que tienen en sus manos a una persona y no a una marioneta. Lo cierto es, y en eso volveré más adelante, que un hijo no viene con un manual de instrucciones (justamente porque no es una marioneta) y muy probablemente es la primera vez que una pareja se enfrente al reto de criar a un niño; los padres también deben aprender a ser padres, así como los hijos a ser personas.

Yo fui el típico caso del hijo de dos personas frustradas porque no pudieron ser músicos, puesto que sus respectivos papás no les permitieron hacerlo, e intentaron superar este fantasmita por medio de su hijo. Para colmo este niño (yo) tenía una enorme sensibilidad artística y un oído envidiable, y en algún momento se le ocurrió decirle a sus papás que quería tocar piano (o esa es la historia que me contaron).

Mis papás no dudaron un solo segundo para meterme en clases de organeta, su fantasmita del pasado los impulsó con mucha fuerza. Apenas les dijeron me compraron un piano, uno de verdad (acústico, con cuerdas, martillos y esas cosas). A mis diez años comencé clases en el conservatorio donde estuve siete años y medio de mi vida. El problema de todo esto es que a mí nunca me gustó de verdad tocar piano y por eso nunca fui lo suficientemente aplicado, cosa que nunca les dejó de molestar a mis papás. Ocasionalmente mi papá me decía: "Tú ahorita crees que estás muy joven pero el tiempo va pasando y cuando menos te des cuenta eres un viejo como yo y no has hecho nada. Entonces dirás 'mi papá tenía razón, no debí haber perdido el tiempo en bobadas' así que no pierdas el tiempo y estudia" (si me hubiera dado por llevar la cuenta de las veces que me dijo exactamente esa misma frase, al llegar a cincuenta me habría aburrido).

En muchas ocasiones dije que no me gustaba tocar el piano, que no lo quería hacer más. Y me respondían: "Entonces, ¿qué vas a hacer?" a lo que yo nunca supe qué responder y nunca fui capaz de liberarme. Pero finalmente me gradué del colegio y comencé la universidad, lo que me dio la excusa perfecta para por fin dejar el piano. Lo cierto es que debí haber tenido la suficiente actitud para enfrentar a mis papás y dejar el piano muchísimo tiempo antes, pero una gran parte de mi vida y justamente por como me criaron mis papás, yo no era lo suficientemente capaz de actuar por mí mismo, y yo nunca fui realmente yo sino quien yo creía que la gente esperaba que yo fuese (tomar un momento para entender la última frase). Pero sólo hasta estos últimos años aprendí a ser yo mismo, que no importaba lo que la gente esperara de mí, entendí que mi verdadero yo podía no gustarle a todo el mundo pero que sí le gustaría a todo aquel que valiera la pena. Eso en muchos sentidos, no sólo con respecto al piano.

Pero antes de terminar con mi drama haré una suerte de apología: como ya lo había dicho, un hijo no viene con manual de instrucciones y no se puede esperar de los padres que sean perfectos sobre todo cuando con ellos tampoco lo fueron. Por otro lado, gracias al piano conocí gente increíble, si yo no hubiera tocado piano, por ejemplo, no conocería a mi mejor amigo; no todo es malo, como quien dice.

Lo malo es que perdí mucho tiempo en algo que no me gustaba, que no me hacía feliz, que nunca sentí parte de mí. No me enseñó a ser alguien disciplinado porque nunca me importó lo suficiente para trabajar seriamente en eso, ahora estoy pagando las consecuencias. Pero sobre todo, no me dejó tiempo de hacer algo que realmente me gusta, algo que tal vez se convertiría en mi vida, en mi verdadera pasión. 

Ese algo se llama danza. Hasta hace muy poco descubrí lo que se sentía bailar (esto lo expongo en mi anterior entrada) y esto definitivamente de debe a que estando en el conservatorio, no tenía tiempo de pensar en hacer cualquier otra actividad extracurricular. Ahora tengo dieciocho años y como lo digo en mi anterior entrada, tal vez es muy tarde. Hace menos de un mes, la última vez que mi papá me repitió su trilladísima frase ("Tú ahorita crees que estás muy joven pero el tiempo..."), en un desesperado intento por que yo volviera a tocar piano, yo le respondí: "Si papá, exactamente, el tiempo ha pasado y lo he perdido tocando piano, y tenías razón: cuando menos me di cuenta, habían pasado dieciocho años de mi vida en los que me dediqué a hacer felices a ti  y a mi mamá haciendo algo que no me gusta y nunca me gustó, y por el contrario no hice nada de lo que sí me gusta" (con voz quebrada y todas esas cosas).

En estos últimos meses he estado hablando con mi mamá y he intentado hacerle entender lo egoístas que fueron ella y mi papá, y lo frustrado que he estado al respecto. Ella me responde que me entiende, que  lamenta como actuó pero que lo hizo con la mejor de las intenciones, me dijo que no quería que le pasara "cuentas de cobro", que esperaba que algún día dejara la rabia que tenía con ellos y que dejara de mirar al pasado. Y tiene razón, no los puedo culpar, después de todo yo no vine con manual de instrucciones; pero sobre todo, el pasado es pasado, el presente es lo que importa, y si quiero ser un bailarín debo tener mi peso un poco hacia adelante (un bailarín sabe exactamente a lo que me refiero, pero como metáfora también funciona), y sin importar lo que haya atrás, es ahora cuando debo trabajar esforzándome en ser el mejor bailarín que sea capaz.

Así pues, con esto espero haberme sacado esta espinita, ya me desahogué para siempre, ya no puedo lamentarme por lo que no hice. Pero eso sí, no debo olvidarlo, ni yo ni nadie: Si terminas con una vida aburrida y miserable porque escuchaste a tu mamá, tu papá, tu profesor, tu pastor o algún tipo en la televisión diciéndote cómo vivir, entonces te lo mereces.